Leiva- Diciembre.

Yo soy fan de Leiva, eso que vaya por delante. Pero voy a intentar que mi “yo fan” no eclipse a mi “yo crítico” durante unos minutos.

Los que me conocen saben lo que opino de la separación de Pereza, soy de los que pensaban que Leiva volaría mejor y más alto solo. Y vaya si lo ha hecho…

El pasado 21 de febrero me hice con “Diciembre”, el primer disco en solitario de la mitad de Pereza. Ya habíamos abierto boca con los dos primeros adelantos “Nunca Nadie” y “EME”, que anticipaban un poco la orientación del trabajo.

“Diciembre” es un disco producido por Leiva con la ayuda de su inseparable Carlos Hernández. Leiva toca todo: Baterías, bajo, guitarras, mandolinas… En los teclados se apoya, como siempre, en César Pop. Tuli está en el saxofón y Pachequín y Marcos Crespo en los metales (trompeta y trombón). Precisamente la incorporación de estos últimos supone elevar el nivel a un plano mucho más elevado, que agranda la figura del artista no sólo como tal, sino también como productor. La composición, sin pasar a un segundo plano, se ve eclipsada por una producción y unos arreglos milimátricos, que le acercan al rock americano de artistas como Springsteen (salvando las distancias). Guitarras potentes, vientos, armonías precisas (aquí le acompañan su hermano Juancho, el propio Carlos Hernández, Sara Íñiguez e incluso Michelle Jenner), recursos como el falsete,son algunos de los rasgos característicos de “Diciembre”.

El CD arranca con “Nunca Nadie”. Ya habíamos escuchado previamente este tema, y quizás por eso sea de los que menos atención han recibido. Es una pieza muy a la americana, con guitarras muy potentes, una base rítmica machacona que te lleva a lo largo de la canción. Es un perfecto resumen de lo que nos espera.

Justo a continuación aparece “EME”, segundo adelanto (pero primer y único single). Posiblemente el tema más flojo del disco, que demuestra una vez más la falta de acierto para elegir sencillo.

“92” es el tema más corto y más cañero de “Diciembre”. Un rock and roll urgente, juvenil y con un cierto aire a Ramones. Muy recomendable.

Después aparece “Miedo”. Este es uno de los puntos importantes del disco. La letra es sobrecogedora “No me dejes pasar, te puedo lastimar”, ahondando en la parte más tormentosa de las relaciones de pareja. Con un puente soberbio y un enorme trabajo de los metales, es una de las piezas más destacables de “Diciembre”.

“Aunque Sea Un Rato” es una maravilla. Tan simple como eso. Un medio tiempo delicado, en el que Leiva suplica un acierto “Necesito acertar, aunque sea un rato”. El piano de Pop, los metales, el violonchelo de Zulaima Boheto… Todos aportan su grano de arena para hacer de este tema confesional el baladón que todo gran disco debe tener. Soberbio.

Encontramos después posiblemente la pieza más “E Street Band” del disco: “Éxtasis”. Cantando al olvido y recordando buenos tiempos, Leiva acierta una vez más con los arreglos. Mucho ojo con este tema en directo…

El binomio “Penaltis”-“Las Cuentas” posiblemente sea lo más destacable de “Diciembre”. La primera, un rock and roll con aires argentinos e inspiraciones futboleras en el que Leiva perdona “No era tu intención joderme la vida”,  y lanza un ultimátum “en los penaltis, amor, va a decidirse todo”. Muy grande. La segunda es posiblemente la letra más sobrecogedora del disco, y removerá las entrañas de más de uno. “¿Por qué no existen tumbas de dos?”, canta Leiva. Este medio tiempo cargado de melcancolía demuestra la madurez compositiva y creativa del artista madrileño. Brillante es poco…

“Telediario” puede ser el tema que más tarde en asimilarse. Es una canción lenta, en la que César Pop se luce con el Wurlitzer. Leiva canta a la vida del rockero: Noches, chicas, conciertos… Inicalmente compuesta para “Autopista”, un proyecto junto con Quique González que de momento queda aparcado. Va de menos a más, termiando en un apabullante “Vamos a salir en el telediario”. Una vez más los vientos marcan la diferencia.

El mejor tema del disco, para mí, es “Todo Lo Que Tú Quieras”. Basado en la banda sonora de la película del mismo nombre, compuesta por Leiva, es el tema más cañero de “Diciembre”. Las guitarras suenan más contundentes que nunca, y los 30 segundos iniciales dejan sin aliento (atención al sitar escondido). En sus propias palabras, es un tema de rendición. Pues eso, a rendirse todos…

En cambio, posiblemente “Hoy No Me Encuentro”, sea lo más flojo. Encajaría perfectamente en “Aviones”, con cierto aire folk, mandolinas y más acústico que la media del disco. Leiva está mal, pero no pide ayuda “Aparecí dormido en la basura, pero no necesito un cable”.

Mi gran decepción inicial: “Vis a Vis”. Muchos la habíamos escuchado en algunos conciertos acústicos tanto de Leiva como de Pereza, y yo me imaginaba otra cosa. Dice el autor que las guitarras que aparecen en el disco son las de la primera maqueta. A esto añade una guitarra eléctrica, el violonchelo de Zulaima Boheto de nuevo y ya está. Eso sí: La letra, obra de Kike Suárez, refleja a la perfección el amor de un recluso, y la urgencia de los encuentros en prisión. Acaba calando y mucho.

“Diciembre” guarda una última sorpresa, y no es otra que la colaboración del gran Quique González en “Sudando La Tristeza”. Es un blues disfrazado de ranchera, o una ranchera disfrazada de blues… Qué más da. El tema que cierra el disco es una relajada pieza campestre en la que ambos artistas tiran de complicidad y buenas maneras para redondear un gran trabajo. Una nota: El solo de trompeta de Pachequín, con la Telecaster de Leiva cruzándose en los momentos oportunos, te dejará boquiabierto.

En conclusión: Diciembre es un gran disco. Muy buena materia prima y mejor labor de producción dan como resultado un CD que, en mi opinión, deberían poner en cuestión la continuidad de Pereza. Habrá que ver si es bien recibido, y cómo se comporta en las listas de ventas.

Leiva no ha inventado nada. Lo que sí ha hecho es darle una vuelta de tuerca a lo que mejor sabe hacer: Canciones. Y aquí las hay, y de las buenas.

Espero que mi lado fan no haya asomado demasiado por estas líneas, he hecho lo que he podido.

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Salvaje

Por fin. Tras más de un mes y medio de espera, Amaral llegó a Valladolid en medio de una ola de frío siberiana. Tras el aplazamiento debido a la lesión de Toni Toledo, batería de la banda, llegó el momento. La recién estrenada Cúpula del Milenio esperaba abarrotada de gente de todas las edades el inicio del espectáculo. Las puertas se abrieron media hora antes de lo estipulado, un detalle para los que estábamos haciendo cola en la fría noche vallisoletana.

Poco después de las 21 horas, las luces del recinto se apagaban. Y sobre la parte trasera del escenario se proyectaban los ojos de un lobo con aspecto desafiante. Todos juntos, los músicos entraron en escena. Unos pocos segundos después, Eva Amaral aparecía con autoridad arrancando la primera ovación de la noche.

“Hacia Lo Salvaje”, tema que da título a su nuevo y arrollador trabajo, fue el primer tema de la noche. El público coreó con ganas la canción entera, y no sería la única. Nada más terminar la primera canción, Eva quiso disculparse en nombre del grupo por las molestias que pudiera haber causado el aplazamiento (“Por fin estamos aquí”), un detalle digno de agradecer.

El siguiente tema fue “Esperando Un Resplandor”, una de las piezas más rockeras de “Hacia Lo Salvaje”, para enganchar seguidamente (y ante la sorpresa del respetable) con el archiconocido “El Universo Sobre Mí”. La locura se desataba ya desde el comienzo.
Amaral en directo suenan compactos, contundentes, atronadores. Con una base rítmica autoritaria, compuesta por Toni Toledo (batería), Chris Taylor al bajo; la guitarra rítmica y los coros de Jaime García Soriano (miembro junto con Toledo de Sexy Sadie), y un Juan Aguirre pletórico, exhibiendo su amplísima colección de guitarras Gibson; el grupo suena como un cañón. Si encima se le añade la presencia, la energía y el talento de la mejor vocalista femenina de este país, un huracán llamado Eva Amaral, la mezcla es explosiva.
Y eso es lo que se vio en Valladolid. Explosividad con temas como la genial “Antártida”“Montaña Rusa”, “Las Puertas del Infierno” y “Hoy Es El Principio del Final”; intercalado con baladas y canciones más emotivas, como “Olvido” (dedicada a la memoria de la madre de Eva), “Riazor”, una maravilla acústica llamada “Robin Hood” que Eva interpretó sentada al borde del escenario, o una versión acústica del archiconocido “Moriría Por Vos”.

El grupo se retiró entre ovaciones por primera vez a eso de las 22:30, y volvieron para atacar la última parte del concierto. Arrancaron con la imprescindible “Kamikaze”, y en este momento interpretaron un par de canciones de discos anteriores, como “Estrella de Mar”.

El megáfono de Eva llamaba a la Revolución en las postrimerías del concierto, y el público coreó unánime el “Van Como Locos”. Finalmente, entre psicodelia y rock and roll, la banda volvió a retirarse del escenario.

Ante la insistencia del público, Amaral salió una última vez, para terminar el concierto con la que posiblemente sea el mejor tema de “Hacia Lo Salvaje”: La tremenda “Cuando Sube La Marea”. En los últimos instantes del show, la Cúpula del Milenio quiso ser partícipe, iluminándose de color rosa, ante el asombro de la formación aragonesa.

“Nos vamos felices, muchas gracias” fue lo último que dijo Eva Amaral antes de abandonar el escenario. Fue una velada inolvidable de uno de los grupos más grandes que ha dado la música española en los últimos 15 años.
Lo dicho: Rock y pop español elevados a la enésima potencia. Un sonido impecable, a pesar de las dificultades del recinto, y una banda que parece tocada por una varita mágica. Salvaje.

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¿Pereza?

Retomo temporalmente mi labor como bloguero para opinar acerca de una de las noticias de mayor trascendencia en el pop-rock español de los últimos meses.

El pasado 29 de septiembre, el dúo madrileño Pereza anunció en un escueto y desenfadado comunicado en su página web no sólo que no publicarán disco en 2011, sino que ambos artistas editarán material por separado.

Las razones que esgrimen son que se han encontrado con tal cantidad de material que les ha resultado imposible elaborar un disco, y que el cuerpo les pide probar experiencias nuevas.

Hasta aquí la información, ahora es donde entra la opinión subjetiva de este Rolinga, fan confeso de una de las bandas de referencia en el pop-rock español de los últimos 10 años: Para empezar, no estamos hablando de una ruptura o de una separación. En palabras de Rubén y Leiva, Pereza volverá en 2012 con más rock and roll, y este paréntesis es simplemente una manera de desconectar de la rutina y emprender nuevos caminos un poco más lejos el uno del otro. Aunque, en mi opinión, el comunicado esconde varios interrogantes:

  • En el comunicado comentan que la razón principal de que no haya disco es que les ha resultado imposible confeccionar un solo disco con la cantidad de material que tenían. ¿No estuvieron hablando de la posibilidad de que Aviones hubiera sido un disco doble? ¿Acaso la cantidad de material era tal que también era imposible hacer DOS discos? A mí me huele un poco a chamusquina…
  • Aclaran que se juntarán de vez en cuando para dar conciertos, “vernos los caretos”… ¿De vez en cuando? Más de una persona se ha mostrado escéptica sobre una posible unión después de esto.
  • “No dejaremos de dar conciertos de Pereza en 2012” También varias personas se han preguntado “¿Y después de 2012”
La verdad es que el comunicado deja más dudas de las que despeja en sus apenas 12 líneas de extensión, aunque la afirmación de que “el amor Rubén-Lei sigue intacto” es algo que ayuda a calmar un poco los ánimos del personal…
Sinceramente, la noticia me ha pillado totalmente por sorpresa, pero lejos de mostrarme desilusionado o triste me parece que esta noticia puede resultar muy interesante. Pereza siempre ha compuesto por separado, las canciones de Rubén son de Rubén y las de Leiva… pues de Leiva. Precisamente por eso puede que este año no haya un disco de Pereza, sino que haya dos: El disco de Rubén Pozo y el disco de Miguel Leiva. El doble de material, ¡el doble de diversión!
Por otra parte, la relación entre ambos siempre ha sido inmaculada, muy lejos de las turbulentas relaciones Lennon-McCartney, Richards-Jagger, Noel-Liam… Parecen hermanos tanto encima del escenario como cuando se bajan.
Tampoco quiero aburrir al personal, así que vamos a ir terminando. Todos los grupos necesitan oxigenarse, y este descanso puede dar unos frutos maravillosos. Que nadie se preocupe, que la relación entre los dos Pereza es tan estrecha que ni siquiera Yoko Ono conseguiría deteriorarla.
Canción de la semana: Yo Nací Para Estar En Un Conjunto- Pereza.
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Competición.

El hombre es competitivo por naturaleza. La competitividad humana alcanza límites insospechados, hasta en la más estúpida actividad pretendemos e intentamos ser mejor que el otro. Deportes, trabajo, estudios… Cualquier situación es buena para demostrar quién es “el número uno”.

Este afán de competir, de ganar, de ser el mejor, ha llevado a la sociedad actual a la elaboración de rankings, listas, clasificaciones de todo tipo que muestran al mundo quién es el mejor en lo suyo.

“Las 100 mejores canastas de la historia”, “Los 10 hombres más ricos de internet”, “Las 100 mujeres más bellas de España” son algunos ejemplos que ilustran bastante bien a lo que me refiero.

Pues bien, resulta que esto ha llegado (inevitablemente) a algo tan poco dado a ser clasificado como es la música. Una vez más, y aunque a más de uno le pese, me remito a la revista Rolling Stone: “Las 500 mejores canciones de la historia”, fue su portada hace algunos meses. Y aquí está la cuestión: ¿Es la música algo que se pueda medir, cuantificar, y, por tanto, comparar?

La opinión de este Rolinga es que no. La gracia del arte en general, y de la música en particular, es que es totalmente subjetiva. Subjetiva en el sentido en que una canción cualquiera puede ser objeto de valoraciones distintas, e incluso contrarias por personas diferentes, e incluso por la misma persona a lo largo del tiempo. ¿De qué depende? Probablemente la gracia y el encanto residan en que hasta el momento ignoramos la respuesta.

Pero dejemos de lado esta breve reflexión. Resulta que, a pesar de que no se pueda comparar algo tan personal como la música en sentido amplio, la inmensa mayoría de los aficionados a la música tiene un grupo favorito, un estilo favorito, una canción favorita… Voy a arriesgarme a lanzar la pregunta: ¿Qué grupo ha sido el mejor de la historia del rock?

En el hipotético caso de que pudiésemos determinar, basándonos en datos empíricos y verificables que un grupo es mejor que el resto y, por consiguiente, el mejor de la historia, ¿en qué nos basaríamos?

Existen infinitos criterios por los que se puede juzgar la calidad de un grupo, me limitaré a exponer los que, a mi juicio, son más relevantes, o simplemente los que me resultan más interesantes:

La calidad del vocalista, del guitarrista, de las composiciones; la potencia de su directo o su facilidad para encabezar las listas de éxitos son algunos de estos criterios.

Pero, y aquí entra mi opinión subjetiva, no hay nada más importante que el impacto que un grupo de música pueda llegar a tener en la sociedad. Por poner un ejemplo: Puede ser que Joe Strummer no fuera un gran guitarrista, y que “Should I Stay Or Should I Go” no sea una composición excesivamente brillante, pero The Clash supusieron una revolución en el Reino Unido.

Otro ejemplo: Quizás AC/DC no tengan un gran vocalista (aunque yo opino que es imposible berrear como el bueno de Brian Johnson), quizás Angus Young sea más un showman que un guitarrista y que las composiciones tengan todas los mismos 3 acordes. Todo esto puede ser cierto, pero “Back In Black”, lanzado después de la muerte de Bon Scott, es el disco de Rock más vendido de la historia de la música, y el segundo de todos los tiempos después de Thriller

Mirémoslo ahora a la inversa: Eddie Van Halen está considerado como el mejor guitarrista actual (y con razón), pero su banda no pasará de ser una gran banda de los 80-90 (sin quitar ni un ápice de mérito a los hermanos Van Halen, que nadie se confunda). Lo mismo ocurre con Joe Satriani (el tío es una máquina, quizás el mejor de todos, pero aburre a las ovejas).

Rolling Stones, U2, The Beatles… Todos tienen “algo” más que el resto, algo que todas las demás bandas no poseen. Están considerados los 3 mejores grupos de la historia, y cada uno de nosotros tendremos nuestro orden, puede que algunos ni incluyesen a ninguna de las 3 en su “Top-Ten” particular.

Pues yo, que soy una persona normal y corriente, que escucha mucha música, pero que en ningún momento quiere que parezca que SABE de música (porque no es cierto), me voy a mojar.

Los tres grupos son británicos (¿casualidad?), casi todos los componentes tienen años suficientes para jubilarse, algunos, desgraciadamente, no viven para contarlo (Brian Jones, George Harrison, John Lennon), y los tres cambiaron la sociedad de su tiempo.

Precisamente porque ninguno de los otros dos lo hizo como ellos, y porque ninguno de sus miembros ha sido genio y figura, mito, leyenda, en tan gran medida como lo fue John Winston Lennon; precisamente porque ninguno de los otros 2 tenía al genial Paul McCartney, ni a Sir George Harrison, ni al bueno de Ringo Starr; precisamente porque ni los Stones ni Bono y compañía nunca grabaron “Sgt. Pepper’s…”, nunca grabaron Yesterday, ni Let It Be, ni She Loves You, ni A Day In The Life…

Precisamente porque The Beatles y la “Beatlemanía” supusieron una auténtica revolución, no sólo musical, sino también cultural y social, que transformó Gran Bretaña de arriba abajo, para después conquistar el mundo entero.

Precisamente porque también cambiaron la vida de este Rolinga desde el primer momento en el que escuchó el primer disco por primera vez; precisamente por eso afirmo rotundamente que The Beatles son, y serán, la mayor banda de música (en el sentido más amplio del término) de la Historia.

-Canción de la semana: Let It Be- The Beatles.

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Críticos Musicales.

Vivimos en una sociedad que, después de altibajos, se puede considerar como libre. La libertad de expresión es una de las últimas conquistas históricas de la sociedad post-moderna. Dicha libertad llega a todas las partes, incluso a Internet, donde, por cierto, está siendo tema de debate en nuestro país (la famosa ley Sinde pretende acabar con una parte de la libertad en la red).

Esta libertad, siguiendo en Internet, se puede relacionar (si no, no estaría hablando de ella en este blog, claro está) con la música. Comentaba en la anterior entrada acerca de una crítica sobre el último concierto de Fito y Fitipaldis, que cerraba su exitosa gira “Antes de que Cuente Diez”. Esto me da pie a hablar de una clase de personas muy especiales (para bien o para mal, eso depende de cada uno): los críticos musicales.

Están en revistas, periódicos, páginas web… Se busque por donde se busque, es imposible no encontrarte con críticas musicales, ya sea de conciertos, canciones, álbumes, artistas en general… Pues bien, si uno echa un vistazo por la red y lee algunas de estas críticas, es fácil encontrar un denominador común, que no sé muy bien cómo calificar. El caso es que la inmensa mayoría de los críticos se dedican (como es obvio, por otra parte) a criticar, pero en el sentido más negativo del término. Parece que la expresión “crítica constructiva” no tiene cabida en su diccionario.

Pero no me voy a limitar a criticar (yo también) a estas personas que critican. Pongamos ejemplos: En la edición digital de la Revista Rolling Stone (no sé por qué, pero aquí abundan ejemplos), encontramos artículos como “La chispa de Bunbury prende con dificultad en Madrid”, “Dover en Joy Eslava: ¿Se creen de verdad sus temas?”, o mi favorito: “El impasible Mark Knopfler aburre en Las Ventas”. Lo más curioso de todo, dicho sea de paso, es que, después de la crítica (más o menos extensa), en la que se enumeran una lista de supuestos fallos, deficiencias, defectos etc. del show en cuestión, como es normal aparecen los comentarios de los usuarios. No he visto todavía crítica alguna en la que un usuario que asistió al concierto, o escuchó el disco, o es seguidor del grupo (cuando no son varios), está en desacuerdo con la crítica, y en muchas ocasiones emplea calificativos que no resultaría apropiado escribir en un  blog que pretende llegar a todos los públicos. Y un servidor se pregunta: “¿Quién tiene razón?”

En principio, los famosos críticos musicales poseen una serie de cualidades que les deberían hacer más capaces (más dignos de ser tenidos en cuenta) de opinar acerca de cualquier eventualidad en el mundo de la música. Sin embargo, no sé por qué pero yo no acabo de confiar en ellos, llamadme raro…

¿Qué clase de personas son estos individuos que reparten palos a diestro y siniestro? En mi opinión, no son mucho más que músicos frustrados, o quizás músicos que nunca tendrán la mitad de éxito que los artistas a los que critican. Otra explicación no se me ocurre, salvo que en realidad tengan una especie de superpoderes que les permiten analizar determinados aspectos de la música que se nos escapan a los mortales…

Bueno, que yo tampoco quiero ponerme aquí a poner a caldo a personas que, desde luego, saben mucho más de música (y de otras muchísimas cosas) que este Rolinga. Si uno se para a pensar, esto de criticar a todo lo que se mueve es contagioso. Y adictivo. El anonimato que te otorga estar detrás de un nickname hace que uno se sienta libre de opinar lo que buenamente le apetece. Y si no, ¿cómo se explica que, en cualquier página web en la que hay un apartado de comentarios de los usuarios, antes o después algún espécimen suelte un comentario hiriente hacia cualquier cosa (no tiene nada que ver con la noticia), iniciándose así una discusión en la que, a buen seguro, aflorarán temas políticos (aparte de los familiares cercanos de cualquiera de los foreros) y cualquier otro tema que poco o nada tiene en relación con la noticia en cuestión.

Lo dicho, que aquí no se pretende (aunque a veces uno caiga en la tentación) repartir estopa a diestro y siniestro, más que nada porque este blog perdería el poco sentido que tiene. Este espacio intenta hacer llegar a todo el que quiera perder el tiempo conmigo la opinión de un amante de la música, y, en ningún momento entendido (o crítico, ¡Dios me libre!).

Para terminar, el cabreo que puede generar el leer tanta crítica negativa (que, repito, igual el que está equivocado soy yo y Mark Knopfler es un aburrido, y su directo un tostón) se pasa en gran medida cuando, en la misma revista, uno lee críticas como “Arcade Fire conquistan Madrid”, o mi favorita en este caso: “M Clan: Catártico y memorable”.

– Canción de la Semana: Dead Flowers – The Rolling Stones.

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Propósitos De Año Nuevo.

En estos primeros compases del año 2011 la gran mayoría de la población mundial vive preocupada por los “propósitos de año nuevo”. Dejar de fumar (ahora más que nunca muchos lo harán a la fuerza), encontrar trabajo (o no perderlo) o tener un niño son los más famosos. El que aquí escribe como ni fuma, ni tiene trabajo (ni interés de tenerlo), y debido a sus características biológicas es imposible que pueda tener un hijo (aunque Schwarzenegger demostrara lo contrario en una peli de la que no quiero acordarme), se ha puesto como único propósito para el año que empieza nada menos que abrir horizontes, musicalmente hablando.

No sé si os habrá pasado alguna vez, pero en los últimos meses me encontraba en uno de esos momentos en los que te hace falta renovar tus playlists. Porque no dejaré de escuchar a The Beatles, ni a Pereza, ni a los Stones… Pero llega un momento en el que todas las canciones te resultan ya tan familiares que no sabes muy bien si apagar tu iPod o tirarte por la ventana directamente (de momento, nunca he optado por lo segundo, ya veremos…).

Como hombre de palabra que soy (para lo que quiero), en los 4 días que llevamos de 2011 he descubierto un puñado de artistas más o menos famosos, de los que había oído hablar pero no había considerado procedente dedicarles un pedazo de mi tiempo.

En primer lugar, por ser el artista que más he escuchado desde Año Nuevo, y porque realmente está consiguiendo engancharme, nombro a Quique González. He de reconocer mi ignorancia: No había escuchado nada de nada del bueno de Quique salvo la colaboración que hizo con Pereza en “Si Quieres Bailamos”, del álbum “Los Amigos De Los Animales”. Recientemente, un puñado de amigos (y amigas), con buen gusto me habían incitado a escucharlo, y he de decir que en alguna ocasión hace bastante tiempo también salió el tema, siendo un “¡Bah!” mi única respuesta…

Pues bien, siguiendo mi ritual habitual cuando se trata de un artista nuevo, procedí a descargar la discografía entera (¡que no me oiga Sinde!), y a empezar, como debe ser, por el principio. He de decir que “Personal”, el primer trabajo de Quique González, allá por el año 98 es un pedazo de disco. Letras inteligentes, melodías tirando a facilonas, pero pegadizas. Las guitarras (y la producción) de Carlos Raya, que deja su sello allá por donde pisa… Todo ello han provocado que mis mañanas de estudio sean menos productivas de lo que me encantaría, aunque no se lo tendré en cuenta. Dentro de poco comenzaré a escuchar los siguientes álbumes, comenzando por “Salitre 48”, pero de momento con “Personal”, “Cuando Éramos Reyes”, “A Veces Se Me Olvida”, “De Tanto Que Lo Intenté” y alguna que otra cancioncilla más, tengo suficiente… He de reconocer que Quique González, del que he dudado (sí, confieso que no estaba del todo convencido cuando comencé a escucharlo), me ha quedado helado (para bien). Tan sólo le recomendaría otro corte de pelo, pero tampoco estoy yo para dar lecciones a nadie acerca de peluquería…

Mi segundo gran descubrimiento ha sido The Black Crowes. La banda de Atlanta, que estuvo en activo desde 1990 hasta 2002, y de 2005 hasta hoy, de los cuales no había oído hablar nada (ni siquiera ha salido en los periódicos ningún escándalo de sus miembros, lo que está bastante de moda últimamente). Influenciados por el blues y el rock sureño, la banda de los hermanos Chris y Rich Robinson es, en mi opinión, una banda a tener en cuenta. Una mezcla de Aerosmith, Guns’n’Roses y algún otro grupo de la época que ahora mismo no me viene a la cabeza, mezclando rock ochentero con melodías incluso más antiguas, todo ello con un toque actual que sorprenderá a más de uno (para bien, espero). En este caso, probablemente en un acto de escepticismo, descargué únicamente un “Greatest Hits”, por lo que poco puedo decir acerca de esta banda. Simplemente destacar la fuerza de sus guitarras en “Kickin’ My Heart Around”, con  un dominio del slide bastante interesante, y la extraordinaria versión del clásico de Otis Redding “Hard To Handle”. Más que recomendables, seguiré investigándolos.

Y dejo para cuando vuelva a tener escasez musical artistas como Tom Petty o Iván Ferreiro, que creo que ya les va tocando…

Para la próxima entrega dejaré un tema que se me acaba de ocurrir. Pero es que lo de los críticos musicales es de traca. Que un individuo, por mucho que escriba en una revista importante (o en su página web por lo menos), critique el directo de Fito y Fitipaldis, de la manera en que lo hace, alegando que “es un misterio por qué se resiste a bucear en el catálogo de Platero”, tiene guasa, la verdad…

Animo desde aquí a que los que lean este blog imiten de alguna manera a un servidor, y se lancen en la búsqueda de nuevos estilos, nuevos grupos, nueva música. La rutina que nos amenaza en todos los aspectos de nuestra vida no es buena para nada. Si al final va a resultar que los propósitos de año nuevo son buenos y todo…

Por último (y no por ello menos importante), quería pedir a mis lectores que no hagan como un servidor y que no dejen nunca de escuchar Sticky Fingers, de los Stones, que no lo aparquen en una estantería, o borren la lista de reproducción (en el caso de que todavía no lo hayan escuchado: enhorabuena, estáis a punto de disfrutar de una joya). Personalmente, considero el haber vuelto a escuchar esta auténtica obra maestra como el mejor de los regalos de este año que empieza. No hablaré acerca de este pedazo de álbum porque ya hay mucho dicho (y por personas bastante más importantes que este Rolinga), y porque no ha sido un descubrimiento de este año, pero sí digo convencido que es uno de los 10 mejores discos de la historia del rock. Amén.

-Canción de la semana: De Tanto Que Lo Intenté- Quique González.

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Radiofórmulas

Aprovechando que la primera década del siglo XXI llega a su fin (parece que fue ayer cuando empezamos a usar euros, cuando Camela estaba en el recopilatorio “Ñ, los éxitos del año 2000” (y no, no es ninguna broma), cuando todavía no éramos campeones de prácticamente nada y seguíamos viviendo del Mundial de Crivillé y los Tours de Induráin…), para hacer una breve (espero) reflexión acerca de lo que ha supuesto este nuevo siglo para el mundo de la música y su industria.

Vivimos en un mundo en el que el dinero lo es todo. Tiene lógica, por otra parte; pero esto, aplicado a la música tiene una serie de consecuencias que, en la mayoría de los casos, distan mucho de ser positivas para cualquier aficionado a la música.

Las principales cadenas de radio del país se llenan semana tras semana de éxitos de artistas más o menos conocidos, con un denominador común: Facilidad.

Melodías facilonas, letras poco comprometidas, y en muchas ocasiones con fragmentos sacados de otras canciones (me vienen a la cabeza dos ejemplos: El “Don’t Stop The Music” de Rihanna, a partir del “Wanna Be Startin’ Something” de Michael Jackson, y el comienzo de “Hung Up”, de Madonna, con “Gimme, Gimme, Gimme” de los suecos Abba). Esto me hace pensar que, a diferencia de lo que ocurría hace unos cuantos años, las canciones ahora no suenan en la radio por ser buenas, sino que son buenas (o eso dice una parte de la audiencia) porque salen en la radio. Y de verdad, me encantaría saber qué parte de las canciones que llegan a los números 1 en las diferentes cadenas lo hacen sin que haya una discográfica multinacional que pague desorbitadas cantidades de dinero en la sombra.

El mundo de la música, muy a nuestro pesar, se ha convertido en una víctima más de este afán de lucro que arrasa con lo que encuentra. Leía hace unos meses una entrevista con Will.I.Am, de Black Eyed Peas. Por sus declaraciones (ahora mismo no recuerdo muy bien el contenido de esa entrevista), parecía que estaba leyendo la revista Forbes, o algo parecido, en lugar de la Rolling Stone. Por cierto, a pesar del enorme éxito de “I Gotta Feeling” (repetida hasta la saciedad en radios, bares, discotecas etc.), lo nuevo de Fergie y compañía dista mucho de ser un buen disco, de hecho he leído muchas más críticas negativas que positivas. El bueno de Will hablaba de la música como de cualquier otro negocio, dejando a un lado sentimientos, creatividad etc. (“Tengo la fórmula del “hit” perfecto”, decía en esa entrevista). Resulta desalentador escuchar declaraciones de este estilo, ¿no?

Una aclaración: Que conste que yo no tengo nada en contra de los Dani Martín y toda esa banda de “artistas comerciales”. Hablando con un amigo hace poco me venía con el tópico de “Este grupo se ha vendido, molaban más los primeros discos…”. Como he dicho antes, el mundo de la música es, en líneas generales, un negocio. Muy poca gente (que diga la verdad) se ha dedicado durante años y años a la música simplemente “por amor al arte”. Otra cosa es que muchos de ellos puedan vivir sin ningún problema sólo de la música, gracias a que son “comerciales”, y que haya miles de músicos (mucho mejores técnicamente que los que se están forrando con esto) que curran transportando cajas por las mañanas para poder subirse al escenario por las noches. Es de admirar que haya grupos (sin nombrar a ninguno) que se resistan a “comercializarse”, pero sinceramente, la pasta está en la radio (aunque nos pese a más de uno…)

Puede que todo esto del “comercialismo” (junto con una expresión que se me ocurrió hace poco: el “cuarentaprincipalizarse”) no sea más que un ataque de envidia por parte de todos los que no podemos ganarnos la vida con una guitarra colgada…

Finalmente, sólo me queda alabar a grupos como M Clan. Lo que están haciendo los murcianos (comparables con los mejores vinos, que mejoran con el tiempo), es digno de admiración. Un disco como “Para No Ver el Final”, sin ningún atisbo de radiofórmulas, y ya muy lejos del archiescuchado “Carolina”, pasaría desapercibido en cualquier otro caso, quedándose sólo en los reproductores de un pequeño grupo de amantes del rock clásico, soul y blues en el año 2010. Pero Tarque y Ruipérez han conseguido lo imposible: Gustar a público, críticos, músicos… Y sin sonar en la radio…

Canción de la semana: Me Voy a Dejar Llevar- M Clan.

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